Estas son algunas imágenes de la exposición "Athens Open Art" (2022). La galería "Art.Number23" está situada en el centro histórico de la ciudad de Atenas, a una corta caminata del Ágora y del Partenón. Sus puertas se abren a la escalera que lleva al Pnyx, donde se reunía la asamblea del pueblo ateniense y lugar de nacimiento de la democracia. Estoy seguro de que Sócrates caminó por estos mismo callejones. Y quién sabe? A lo mejor su espíritu haya podido ver el retrato que le hice.
Alguna vez has oído la expresión: victoria pírrica? Se aplica a victorias tan costosas, que casi son derrotas. Pues la frase proviene de un general de la antigüedad: Pirro de Epiro. Fue considerado el mejor general de su época, por allá por el siglo III antes de Cristo. Era familiar lejano de Alejandro Magno. Llegó a ser rey Epiro y como dos veces de Macedonia (parece que era más fácil llegar a ser rey de Macedonia que conservar el título). Fue uno de los rivales más peligrosos de la República Romana durante sus primeros tiempos. Después de la primera batalla contra el naciente poder de Italia, exclamó famosamente: Otra victoria como esta, y estamos perdidos!
Frente al Acrópolis hay una montaña donde aún hoy se puede visitar la cárcel de Sócrates. Es poco probable que el filósofo haya pasado siquiera un día allí, pero sigue siendo un lugar interesante. Hice lo de los turistas y me saqué un selfie. Seguí caminando por la colina hasta toparme con un acantilado de piedra. Una caída que me mataría sin dudas, pensé. Soñé despierto que me despeñaba y al abrir los ojos me encontraba en la cárcel de Sócrates, con el filósofo sentado frente a mí en la penumbra. Me recompuse lo mejor que pude. Sin salir de mi asombro, y con tono inseguro, empecé la conversación:
Y mientras, los dioses en los que nadie confía se esconden en las bisagras, en las botas sucias, en las tímidas sombras de los olivos, en los subterráneos, en las cuevas que los arqueólogos no han profanado. Y planean su regreso. Se esconden como espíritus y apariciones. Cada vez que vuelves la cabeza y piensas, creí ver algo allí, uno de ellos estaba espiándote, midiendo el alcance de su venganza. Se esconden bajo las rocas al sol, riéndose disimuladamente del turista. Detrás de las columnas, y encima de los techos. Y conspiran, conspiran su regreso.
Es interesante que la filosofía socrática empiece en el mercado, en la plaza pública, en la conversación incesante, en el debate, y termine con un hombre hablando consigo mismo, en una tienda de campaña, escribiendo un diario que ni siquiera pensaba publicar. Es como si a lo largo de los siglos el filósofo se hubiera quedado solo, sin amigos con quien compartir sus ideas. Y cuando leemos las "Meditaciones" de Marco Aurelio, en efecto, percibimos esta soledad infinita, reflejo del aislamiento de este hombre que no tiene iguales, no sólo porque es el emperador, sino porque es particularmente brillante y educado entre sus acompañantes. No tiene con quien hablar, por eso escribe. Sócrates, en cambio, que llamaba a sus discípulos amigos, no tenía necesidad de tanta página. Es también muy llamativo que sea este libro el más leído de toda la filosofía antigua. Porque nadie lee la "República" a menos que esté haciendo una investigación filosófica o algo por el estilo. Sin embargo las Meditaciones sí son leídas y citadas a menudo. En cierto sentido, en su disolución, la filosofía socrática encontró la forma en que volvería al diálogo entre amigos y filósofos.