Cuál es la mejor forma de morir?
Según Julio César, rápida y súbitamente.

La conspiración para asesinar a Julio César empezó con la reunión de tres hombres: Brutus, Cassius y Decimus. Brutus, el más conocido de los tres, pertenecía a una de las familias más notorias de Roma. Su apellido estaba asociado al establecimiento mismo de la república. Según la tradición, otro Brutus, cinco siglos antes, había destronado al último rey de Roma. Era además hijo de una amante de César y aunque no queda claro en las fuentes, muy bien puede haber sido engendrado por él. Los otros dos son menos conocidos. Cassius fue almirante naval de Pompeyo. Pero luego fue perdonado por César, que sabía reconocer el talento cuando lo veía. Decimus fue un comandante que acompañó a César durante las guerras en las Galias. Los tres hombres le debían algo, pero también tenían mucho que ganar con su muerte.
En los siguientes meses se les unieron otros, desde amigos de la infancia de César, pasando por políticos resentidos, hasta simples oportunistas. Al final, eran alrededor de 60 senadores. Se puede argumentar que 60 senadores son muchos senadores, casi un 10% del cuerpo legislativo. Es imposible mantener en secreto una conspiración tan grande. Lo que nos hace pensar que una buena parte del senado sabía lo que iba a suceder y se calló la boca.
Los conspiradores planearon por meses. Se reunían semanalmente para discutir. Pero nunca lograron llegar a un acuerdo, quizás como consecuencia de la polifonía creada por tantas voces. Cuándo fue la última vez que 60 personas se pusieron de acuerdo en algo? Entonces César hizo públicos sus planes. En esencia, dos campañas militares contra Partia y Dacia. Esto los puso contra la pared. No había tiempo para más debate. El asesinato debía producirse de inmediato, antes de que la presa escapara. La fecha escogida para el asesinato fue el 15 de Marzo, el conocido Idus de marzo, del año 44 a. C.
El día previo al asesinato, Decimus fue a casa de César para planear las futuras invasiones. Después se pusieron a beber y la conversación se volvió filosófica. Alguien planteó la pregunta: cuál es la mejor forma de morir? Y todos dijeron algo… menos César. Que, de manera poco característica, se quedó callado. Después de esta pausa dijo: rápida y súbitamente. No puedo pensar en esta escena sin imaginarme a Decimus susurrando: "Trágame tierra! Trágame tierra!".
Yo le creo. César siempre estuvo rodeado por la muerte. Su padre murió cuando él era un adolescente. Su mujer murió cuando todavía era joven. Más tarde su hija moriría dando a luz; nada más y nada menos que un hijo de Pompeyo. En España doblegó a tribus de iberos y celtíberos. En las Galias, según sus propios cálculos, se enfrentó a más de un millón de hombres. Mató o esclavizó quizás a otros tantos. Vio a los druidas de britania correr hacia el mar e inmolarse en una pira funeraria, como un sacrificio humano gigante. Vio legionarios perder pie y caer al vacío desde las murallas, como fruto de una estampida. Vio a los ciudadanos de Alesia morir de hambre entre los muros y las estacadas que rodeaban la ciudad. En el norte de África, en Útica, vio a sus legiones guerrear elefantes: hombres triturados por las trompas de las bestias y aplastados bajos sus patas. Había visto morir a Vercingetorix, su letal enemigo, por estrangulación ritual, después de años de encarcelamiento. Había visto la cabeza de Pompeyo, quien fue su aliado, su yerno, y luego oponente político, servida en una bandeja de plata, literalmente, cuando desembarcó en Egipto.
César era un hombre que sabía de la muerte. La había visto de cerca. Según él, la mejor forma de morir es: rápida y súbitamente! Yo le creo.
Y al otro día lo mataron rápida y súbitamente. Los conspiradores lo asaltaron durante una sesión en el senado. Sólo unos pocos realmente participaron en el asesinato. La mayoría miró de lejos. Creo que simplemente estaban aterrorizados: unos porque estaban matando a César, los otros porque Cesar moría, todos paralizados por el miedo que les inspiraba el dictador. Sus últimas palabras no fueron: ""Et tu, Brute" Eso es un invento de Shakespeare. Sus últimas palabras fueron: "AHHH! Hijo de puta! AHHH!" Digo… probablemente. Lo que sigue sí es histórico: Brutus lo hirió en el abdomen o en la entrepierna. César cayó al suelo y se cubrió el rostro él mismo antes de morir. Hay que tener una increíble presencia de ánimo para eso: para morir con dignidad; máxime después de haber sido apuñalado. Una vez que César yacía inerte, el resto de los senadores se llenó de valor, se acercaron y siguieron apuñalando al cadáver. Algunos sólo alcanzaron a mancharse las manos de sangre en los charcos en el suelo.
Después del funeral de César, un cometa brilló en el cielo por 7 días. Lo que fue interpretado como un signo de su deificación. Si alguna vez vas a Roma, no te olvides de pasar por el sitio arqueológico del Foro Romano, donde aún se conservan su tumba y los restos del templo que le dedicaron.
El final de los tres conspiradores no fue mucho mejor. Cassius y Brutus se suicidaron después de la primera y segunda batalla de Filipos, respectivamente. Decimus fue abandonado por su ejército y hasta por su escolta. Terminó deambulando por las Galias, hasta que fue reconocido y degollado. Su cabeza fue enviada a Roma.
"It is easier to find men who will volunteer to die, than to find those who are willing to endure pain with patience."
Julio César (100 - 44 AC)